Concepción Arenal: La primera mujer que asistió a la universidad (disfrazada de hombre)

Historiadores comentan que, la chispa y ganas de aprender de Concepción Arenal, la llevaron a aprender por sus propios medios italiano y francés

Foto: EFE.

Su labor por reivindicar y hacer valer los derechos de las mujeres es reconocida y aplaudida en la actualidad

Nacida el 31 de enero de 1820 en Ferrol, La Coruña, Concepción Arenal es símbolo del feminismo y lucha feminista de España. Hija de María Concepción de Ponte y don Ángel del Arenal, este último con una ideología firme en la defensa del liberalismo que, cuando su hija era tan solo una niña, este fallece, marcando la vida de ella para siempre.

A lo largo de su vida se enfrentó a las convenciones de su tiempo y dedicó muchas de sus energías a defender a las personas menos favorecidas. Su convicción inquebrantable por aprender, una curiosidad intelectual que nunca sació por completo, estimuló sus primeros años de vida, sin importar que su madre mostrara rechazo a las decisiones que tomaba su hija, pues no iban en sintonía con la época.

Arenal, aprendió de su padre a mantener firmes sus convicciones y luchar por lo que considera justo. Su padre se destacó en numerosas batallas defendiendo su patriotismo, pero al llegar el absolutismo al poder, este sería perseguido, juzgado y privado de libertad, falleciendo a causa de sufrimiento al que fue sometido por sus ideas políticas.

Tras la muerte de su padre, Doña María Concepción se traslada con sus hijas a Corta, para que estas reciban una educación de señoritas. Pero a Concepción Arenal no le llenaba sus expectativas y una vez en Madrid, residencia de su tío, el Conde Vigo, ingresan al colegio Tepa, donde les enseñarían a comportarse en sociedad, sin ofrecerle mayores conocimientos educativos.

Historiadores comentan que, la chispa y ganas de aprender de Concepción Arenal, la llevaron a aprender por sus propios medios italiano y francés, además de mostrar un interés por los libros que plasmaban ciencia y filosofía. Esto hizo que la relación con su madre no fuera muy armoniosa, a lo que se sumó el deseo de Concepción de cursar estudios universitarios, algo reprochable por su madre debido a lo inaudito de la situación.

En el año 1841, decide comenzar a asistir a clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Sin embargo, su aspecto no era el de una dama, pues tuvo que recurrir a un disfraz masculino para poder ingresar a las clases. Cabello corto, levita, capa y sombrero de copa, un alumno silencioso al que muchos de sus compañeros describieron como ‘excéntrico’ y otros como un ‘proviciano’. Ella conoce la situación a la que se enfrenta, pero no le importo y asume riesgos, pese a la prohibición de que una mujer cursara estudios universitarios en aquella época.

Pero es descubierta y el rector se encarga de la situación, para él estaba clara la decisión que debía tomar, sin embargo. Concepción muestra su empeño por seguir aprendiendo, discute, razona y exige, hasta que logran llegar a un acuerdo, demostrará sus conocimientos en un examen, logra convencer al rector y este le permite continuar asistiendo a clases, pero sin intervenciones y sin la posibilidad de obtener un título universitario.

Estando en la Universidad, conoció a Fernando García Carrasco, un hombre 15 años mayor que ella, con el que se casó en 1848, estableciendo un matrimonio igualitario. Para ese momento, ella volvió a hacer uso de atuendos masculinos para acompañar a su esposo a tertulias políticas y literarias en Madrid.

Durante ese período Arenal se inclina por la escritura y sus primeras obras llegaron a La Iberia en 1855, un periódico liberal influyente de a época, mientras su marido se encargaba de escribir editoriales. Cuando este fallece por tuberculosis en 1857, Arenal se hace editorialista, pero en mayo de ese año se queda sin trabajo cuando el Gobierno de Nocedal obliga a firmar todos los artículos de prensa.

Escribió varias obras en las que defendió la igualdad entre mujeres y hombres, haciendo énfasis en el libre acceso a la educación. También abogó porque las mujeres pudieran pertenecer a profesiones a las que entonces no tenían acceso, condenando que se les inculcara desde pequeñas que su papel en la sociedad era el de esposa y madre.

“Es un error grave y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre […]. Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie”, plasma en su ensayo de “La Mujer”.

Concepción Arenal, falleció en 1893 y gracias a su entusiasmo, compromiso y solidaridad, la Biblioteca Nacional muestra una exposición que recoge la “pasión humanista” de la escritora hasta la fecha de su muerte.