La mujer negra, una raza dominante y sinónimo de lucha por los derechos y la igualdad social

Discriminación y desigualdad, una situación por la que atraviesan las mujeres de color, FOTO Julio Cesar Aguilar / Archivo AFP

Los estereotipos hacia esta comunidad han hecho que su estadía en la sociedad se torne cuesta arriba a causa de la discriminación o humillaciones a las que son sometidas

La historia plasma que, desde hace mucho tiempo que la conquista de pueblos coloniales o semi-coloniales dio paso a sometimientos como la esclavitud, tortura, violaciones, exterminio, erradicando así culturas y expresiones propias de cada población, específicamente las relacionadas con los indígenas y los negros.

Desde los tiempos de la esclavitud, las mujeres de color han sido envueltas por estereotipos, entre ellos, el de ser mujeres irascibles, siendo una etiqueta que podría calificarse como negativa, atribuyéndoles una tolerancia escasa o una tendencia impulsiva hacia el enojo, también puede hacerlas ver como líderes, influyentes y capaces, afianzadas en la sociedad actual.

Debido a las concepciones erradas de la humanidad y el mundo, a causa de las diferentes culturas, creencias o religiones, las mujeres negras pueden ser descritas como todo lo opuesto a la pureza, lo que se puede percibir a la hora de aparecer en comerciales de consumo, donde es, o era, poco probable observar a alguna de ellas ofreciendo toallas sanitarias.

Su representación negativa ante la sociedad está ligada a la historia, a lo que está plasmado en los textos antiguos sobre el trato hacia estas, pues durante siglos las mujeres de color fueron sometidas por hombres y población blanca a innumerables tipos de humillaciones, y esa situación quedó arraigada en la sociedad, siendo difícil para esta comunidad deslindarse de los estereotipos, una lucha que se mantuvo y en la actualidad continúa.

“A menudo las feministas blancas actúan como si las mujeres negras no supiesen que existía la opresión hasta que ellas dieron voz al sentimiento feminista. Creen que han proporcionado a las mujeres negras el análisis y el programa de liberación. No entienden, ni siquiera pueden imaginar, que las mujeres negras, así como otros grupos de mujeres que viven en condición opresivas, a menudo adquieren conciencia de la política patriarcal a partir de su experiencia de vida, a medida que desarrollan estrategias de resistencia; incluso aunque esta no se dé de forma mantenida u organizada”, Bello Hooks, Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista en Otras inapropiables, Madrid, Traficantes de Sueños, 2004, p. 45.

Tanto el concepto de belleza como el de pureza, fueron apartados de la descripción de las mujeres de color, lo que implica una lucha constante por esas para el ejercicio y la aceptación de su ser, pues para una mujer negra pensarse hermosa, pura o limpia, en comparación con una mujer blanca o mestiza.

Para que una mujer negra pueda considerarse hermosa, debe cumplir con ciertos parámetros establecidos arbitrariamente por la sociedad, pues siempre se muestra a una mujer rubia, de cabello liso y largo, como sinónimo de belleza, lo que lleva a muchas mujeres de color a cambiar su esencia y quiénes son, o sus raíces, solamente para encajar en una sociedad que discrimina a cierto patrón de personas.

Aquella mujer de color que rompa las barreras, y decida mostrarse tal cual es, dejándole saber al mundo cuáles son sus características, sin miedo a reproches o discriminación, puede ser catalogada como activista del “afrocentrismo”, radical, rebelde y conflictiva, pero en el mejor de los casos también puede ser considerada una artista

No solo en la belleza o la pureza se puede identificar la exclusión o discriminación de las mujeres negras, también se observa en la sociedad, en la economía y las diversas actividades de cada nación. Las mujeres en general, representan una minoría en el aparato reproductivo de un país, ahora bien, las mujeres de color son sin lugar a dudas escasas en posiciones de liderazgo en los diferentes sectores socio-productivos de cada región.

Es importante la autorreflexión en torno a la sociedad en que se vive, pues hay que analizar si los discursos de transformación social van realmente de la mano con las necesidades de todos los colectivos que hacen vida en ella, pues una sociedad completamente civilizada no cataloga, discrimina o impone estereotipos a un sector determinado, marginándolo y humillándolo.