La realeza europea no escapa de escándalos de homosexualidad

Desde pequeño a Felipe I de Orleans, hermano menor del rey Luis XIV, siempre le gustó jugar con cintas y maquillaje.

Foto: Pixabay.

Príncipes europeos demostraron abiertamente su inclinación sexual, llegando a vestirse como mujeres

La homosexualidad ha existido a lo largo de los años, y como todos los aspectos culturales y sociales del mundo, ha evolucionado, incluso pese a que en la actualidad hay un tabú en torno a estas inclinaciones, rechazadas por muchos, en los tiempos antiguos no era así, incluso queda demostrado en las monarquías mundiales, donde se conocen historias de príncipes que se declaraban abiertamente homosexuales, mientras otros mantenían amoríos con hombres de forma clandestina y hasta llegaban a vestirse como mujeres, sin que fuese mal visto.

A continuación, tres príncipes homosexuales de Europa:

Felipe I de Orleans

Desde pequeño a Felipe I de Orleans, hermano menor del rey Luis XIV, siempre le gustó jugar con cintas y maquillaje, historiadores narran que nunca ocultó su homosexualidad y, por si fuera poco, contaba con la complicidad y apoyo de su familia, incluso su madre, la reina Ana, lo llamaba “mi pequeña niña”.

Cuando se hizo un adulto, continuó con su inclinación hacia la vestimenta y atuendos femeninos llegando a disfrazarse de pastora y campesina para acudir a los bailes del palacio de Versalles. En cuanto a sus relaciones amorosas, su primer amante fue Julio Mancini Mazarini, sobrino del cardenal Mazarino y luego duque de Nevers. Aunque se dice que su gran amor fue Felipe de Lorena, uno de los hijos de Enrique de Lorena.

Felipe se convirtió en la cabeza de la casa de Orleans tras el fallecimiento de su tío Gastón, convirtiéndose en uno de los nobles más ricos de Francia, llegando incluso a competir con su propio hermano. A pesar que se conocía su homosexualidad, contrajo matrimonio en dos oportunidades, la primera con Enriqueta Estuardo y, luego con Carlota Palatinado, teniendo en total 7 hijos, ganándose además el apodo de “el abuelo de Europa”.

Félix Yusúpov y Rasputín

Félix Yusúpov, hijo del conde Félix Félixovich Sumarókov-Elston, gobernador de Moscú, y de la princesa Zinaída Yusúpova, una de las mujeres más adineradas de Rusia. Desde joven se le observó vestido de mujer, a los 12 años usaba la ropa de su madre y se presentaba travestido en fiestas gitanas o restaurantes, aunque siempre bajo la compañía de su hermano mayor.

De un rostro perfecto y con ojos azules, una belleza angelical le llevó a ganarse el título de “el príncipe más hermoso de Europa”. Siempre mostró su homosexualidad, manteniendo relaciones sexuales con aristócratas, como fue el caso de el gran duque Demetrio. No obstante, pese a su orientación sexual, se casó con la princesa Irina, la mujer más bella de la corte de los Romanov.

Con tan solo 29 años de edad, el príncipe ruso estuvo al frente de la conspiración para matar a Grigori Rasputín y el 30 de diciembre de 1916, Félix lo invitó a una cena a su palacio sobre el río Neva para que conociera a su mujer, y este aceptó sin contratiempos, durante el banquete fue envenenado con cianuro y posteriormente le disparó el propio príncipe. Historiadores dicen que Rasputín asistió a la velada por su interés en los atributos del príncipe.

Jorge de Grecia

Hijo segundo del rey Jorge I de Grecia y de la reina Olga recibió educación completamente exigente entre el palacio real de la Plaza Sintagma de Atenas y el de Tatoi, clases que eran impartidas por tres extranjeros:  un prusiano, un francés y un inglés. Pero los esfuerzos de sus padres no dieron los resultados esperados, por lo que tomaron la decisión de enviarlo a Dinamarca a continuar su formación junto a la familia real danesa y asistir a la marina real.

Su tío, Valdemar de Dinamarca, comandante de la marina, y su esposa, María de Orleans, le dieron la bienvenida en su casa, y con solo 14 años fue uno de los mejores alumnos de su clase. Pero el cambio de clima también llegó acompañado de una relación sentimental que mantuvo a escondidas con su tío.

Jorge creció y se estableció en París, casándose en 1907 con María Bonaparte, sobrina nieta de Napoleón I y heredera de una de las mayores fortunas de Europa. En su viaje de novios estaba su tío, y Jorge le explicó todo a su esposa, quien comprendió la situación, tío y sobrino siempre aparecieron juntos en eventos y reuniones, incluso en las fotografías se ubicaban uno al lado del otro. María Bonaparte confesó en sus memorias que su marido siempre la besó en la frente, nunca en los labios.