Los moldavos emigran y sus hijos lloran desconsolados el “enorme vacío”

Los moldavos emigran por la pobreza, la corrupción endémica y un sistema sanitario muy deficiente. AFP

Aproximadamente un millón de moldavos ha emigrado desde principios de la década de 1990

Enespañol24.es- Le prometían regalos que otros niños de su aldea no tenían, pero Aura Mutruc lo único que quería era su madre. La joven de 23 años encarna a una generación de moldavos que crecieron sin sus padres, obligados a emigrar por la pobreza.

Tenía dos años y medio cuando su madre la confió a sus abuelos, en un pueblo del norte de Moldavia, para poder trabajar en la vecina Rumanía.

Sus recuerdos son muy confusos: “Mamá me contó que me pillaba un berrinche cada vez que se iba. Me decía que me traería muñecas pero a mí no me importaba, lo único que quería era que se quedara conmigo”, contó a la AFP esta chica de cabello largo y castaño. Ha dejado “un enorme vacío”.

En el mercado al aire libre de Piatra Neamt (noreste de Rumanía), su madre tiene un puesto de venta de ropa y de bienes para la casa. “Sabía lo mucho que sufría (…) durante muchos años sus lloros resonaban en mi cabeza (…) pero era la única solución para salir adelante”, dice Lilia sin poder contener las lágrimas.

 “Sentimiento de abandono”

Aproximadamente un millón de moldavos, o sea casi un tercio de la población, ha emigrado desde principios de la década de 1990, uno de los índices más altos del mundo. Lo hicieron movidos por la pobreza, la corrupción endémica y un sistema sanitario muy deficiente.

El dinero que envían a la familia –1.400 millones de dólares (1.150 millones de euros) el año pasado, es decir el 12% del Producto Interior Bruto– permite que decenas de miles de hogares sobrevivan en este país rural.

Pero para los menores que se quedaron en casa –más de 100.000 según las estimaciones– este éxodo fue “una tragedia”, lamenta Nadejda Zubco, directora de la Oficina de Relaciones con la Diáspora (BRD).

“Inseguridad, sentimiento de abandono, falta de afecto”, estos niños han vivido experiencias traumáticas, que ni el tiempo ni los regalos enviados por sus cumpleaños han borrado, afirma Tatiana Turchina, profesora de psicología de la universidad de Chisinau, la capital.

También cita casos de malos tratos o de abuso sexual cometidos por familiares que se quedaron a cargo de los niños, o incluso de niñas empujadas a la prostitución.

Aura vivió mal la adolescencia. “Tenía muchas preguntas y nadie con quien hablarlo”, afirma suspirando. Su madre solo podía llamarla dos o tres veces al mes por falta de dinero y su padre había encontrado trabajo en Moscú.

Se vio obligada a ocuparse de la huerta y de las aves de corral y a cocinar. Le permitió hacerse “más responsable”, reconoce. Pero Aura reprochaba a sus padres el haberlos “dejado solos”.

Con el tiempo, la joven que estudia un máster de psicología asegura haber entendido que “nadie se va de buen grado”.

 Éxodo de los jóvenes

Como el país se despuebla, el gobierno se ha comprometido a apoyar financieramente a los emigrantes que regresen para montar un negocio.

Una promesa que no parece convencer: según la Oficina para el Desarrollo de las PYME, solo 640 moldavos se han apuntado al programa desde que se puso en marcha en 2010.

La segunda generación también abandona Moldavia. “La tasa de migración por estudios supera a la vinculada a la búsqueda de empleo”, explica Olga Gagauz, directora del centro de investigación demográfica de Chisinau.

Este nuevo fenómeno agrava la caída de la natalidad, un “desastre”, según ella.

El número de recién nacidos pasó de 77.000 a 30.700 por año debido a la migración masiva. Y la tasa de fecundidad cayó de 2,4 hijos por mujer en 1990 a 1,27 en 2020.

En Bujor, una aldea del oeste de Moldavia, un edificio destinado a albergar un nuevo centro de estudios no es más que una estructura abandonada. El número de estudiantes ha disminuido en un tercio desde 2010.

“En unos años ya no habrá jóvenes aquí, nadie quiere quedarse en el pueblo”, lamenta la directora Vera Mosneagu.

Aura no quiere emigrar: “Mi futuro está en Moldavia”.