Óscar de la Renta, filósofo y genio creador de modas

Hasta su último respiro, ocurrido en octubre de 2014, consideró que la moda femenina nunca fue tan excitante como en la época actual

Foto de EFE

EnEspañol24.com- Óscar de Renta no merece otro calificativo inferior al de genio de la moda por sus diseños que resaltan sensualidad, mientras guardan elegancia y glamour en las mujeres que vistió a lo largo de su carrera profesional como modisto.

Catalogado como el diseñador no oficial de la Casa Blanca en Estados Unidos, por vestir a todas las primeras damas de ese país desde Jacqueline Kennedy hasta Michelle Obama.

Algunos especialistas de moda reseñaron que las esposas de los presidentes norteamericanos llegan con un vestido de cualquier diseñador, pero salen vestidas con un Óscar de la Renta.

A ello se aúnan los cientos de vestidos que llevaron estrellas de la música y artistas de Hollywood en las alfombras rojas más importantes del mundo. Con ellas desarrolló una especial amistad, especialmente con Sharon Stone, Julia Roberts, Catherine Zeta-Jones o Sarah Jessica Parker.

Hasta su último respiro, ocurrido en octubre de 2014, consideró que en el mejor momento de la moda femenina era la época actual, porque las mujeres son las que controlan su propio destino y pueden ser reconocidas en cualquier ámbito sin necesidad de imitar a los hombres.

Genio latinoamericano

Óscar nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1932 en el seno de una familia de clase media trabajadora y con ascendencia española e italiana. Su madre le inculcó el amor por el arte y la pintura, por lo que estudió en la escuelas de Bellas Artes de su ciudad natal y en la de San Fernando, España, a los 18 años.

Precisamente a esa edad descubre un nuevo mundo en el Madrid de los años 50, que lo llevó a admirar primordialmente la belleza de la mujer europea.

Durante ese tiempo se enteró de la trágica muerte de su madre, por lo que su padre, dueño de una corredora de seguros, le exigió regresar a República Dominicana para hacerse cargo de algunos negocios.

Pero Óscar estaba convencido que el resto de su vida estaría ligada al mundo artístico y que llegaría a ser un famoso y reconocido pintor. Aunque la falta de recursos para continuar con su acometido lo llevó a incursionar en el diseño de trajes y vestidos, lo que rápidamente le tomó la mayor parte del tiempo y desarrolló en él un gusto exquisito por la moda.

Golpe de suerte

Un día diseñó un vestido para la hija del embajador estadounidense en España, fue tal la pieza que lució la joven el día de su presentación a la sociedad que la revista Life le dedicó una reseña con su nombre.

De inmediato lo contactó la casa del diseñador español Balenciaga, para la cual trabajó durante dos años hasta que fue llamado por la famosa firma parisina Lanvin-Castillo en 1961.

Una nueva oportunidad le tocó a la puerta en 1963 cuando lo contrató Elizabeth Arden y se mudó a Estados Unidos para diseñar en la reconocida boutique de la modista.

Por el resto de su vida consideró a Nueva York como la ciudad que le dio el éxito y el triunfo, por lo que llegó a considerarla como su hogar.

Marca desde 1965

Óscar resaltó en cada entrevista que le realizaran en vida que todos sus diseños eran inspirados en la elegancia de la mujer. Siempre buscó que ellas se sintieran “ciento por ciento irresistibles” en cada traje que vistieran confeccionado por él.

“Tanto la profesional, como la que trabaja en su hogar, es una mujer moderna, con muchos intereses en la vida, que sabe quién es y lo que quiere. Y para esa mujer que admiro es para quien diseño”, comentó en un entrevista a la colaboradora de la revista Vanidades, Mari Rodríguez.

Bajo ese concepto su nombre se convirtió en marca desde 1965, cuando a cada confección le imprimía su nombre y estilo único en la moda de Nueva York, París y todo el mundo.

A pesar de toda la fama que acumuló, Óscar mantuvo su caballerosidad y ninguna ínfula de superestrella. Al contrario, las personas que lo rodeaban resaltaron su energía y colorido que plasmó en los diseños; a esto él mismo le llamó la “herencia de ser latino” y caribeño.

De Punta Cana a Connecticut

Estados Unidos fue su casa predilecta, especialmente Nueva York porque en esta ciudad se desarrolló profesionalmente y obtuvo el éxito que lo precedió. “Es una ciudad extraordinaria, glamorosa y llena de contrastes”.

Aunque sus energías las recargaba en Santo Domingo, República Dominicana, donde se escapaba de su esposa, Annette France de la Renta, para ir a bailar; pasión que siempre lo acompañó y que le permitió impregnarse del colorido del Caribe que buscó imprimir en sus diseños.

Referencias