Prostitución en Venezuela: Una actividad sin cifras actualizadas desde 1997

“La prostitución no es un trabajo. Afirmar que sí lo es, basándose en el derecho que la mujer tiene sobre su cuerpo, contiene un mensaje subliminal del patriarcado”.

Foto: Pixabay.

Crisis pandémica aumentó el número de niñas, jóvenes y mujeres en las calles venezolanas ejerciendo labores sexuales para llevar el sustento a sus hogares

La prostitución es la actividad de vender el cuerpo y tener relaciones sexuales a cambio de bienes o servicios, especialmente transacciones económicas con dinero tangible. Es un negocio que puede mover las finanzas de un país a gran escala, aunque, en el caso de Venezuela, quienes estén afectados por el servicio no se atreven a asistir a los entes encargados, igual que las trabajadoras o trabajadores de esta rama no se deciden a salir a protestar a las calles.

La decisión de algunas jóvenes y mujeres de iniciarse en la prostitución en los tiempos actuales puede obedecer, en gran escala, a la situación de crisis generada por la pandemia de la COVID-19 que agrava considerablemente la precariedad en la que se encuentra sumergida la nación caribeña debido a la gestión inadecuada por parte de las autoridades.

En medio de la pandemia los reportes de prostitución se han multiplicado. Con una mayor incidencia en niñas y jóvenes, según se ha expuesto en informes de diferentes entidades internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), trabajos de campo y denuncias recibidas por instituciones humanitarias que residen en el país.

Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), afirmó que en medio de la propagación del virus las trabajadoras sexuales se encuentran en una de las posiciones más vulnerables y se estima que entre 1% y 5% de la población adulta femenina se desempeña en el terreno de la prostitución, así lo expone ONUSIDA.

Datos no específicos

Para encontrar datos o cifras reales y actualizadas acerca de la situación de la prostitución, en cualquiera de sus modos, se torna una situación cuesta arriba, en primer lugar, a causa de la clandestinidad en la que se ve envuelta esta actividad y a que son escasas las trabajadoras sexuales que acuden a los entes pertinentes para identificarse como tal.

Activistas han mostrado su rechazo y descontento con el Ministerio de Salud venezolano por no suministrar desde hace años cifras sobre las trabajadoras sexuales, reprochando que estas mujeres están sometidas a trabajar en la clandestinidad sin las condiciones adecuadas. Los últimos datos “actualizados” se remontan a 1997.

“La prostitución no es un trabajo. Afirmar que sí lo es, basándose en el derecho que la mujer tiene sobre su cuerpo, contiene un mensaje subliminal del patriarcado, lo cual ratificaría su poder sobre nosotras. El ejercicio de la voluntad genera un concepto desacertado, ya que no nos dan alternativas para tomar decisiones, las mujeres no tenemos acceso al poder para decidir… Daríamos al Estado, como el gran proxeneta, todas las facilidades para continuar desconociendo los derechos que demanda la mujer en la sociedad”, expresó en una oportunidad Zoraida Ramírez, representante de la Coalición contra el tráfico de mujeres en Venezuela, (CCTM).