“Rechazados” de Catania, anclados al último limbo de Salvini

Guardias de policía mientras el personal de Médicos Sin Fronteras ayuda a dos de los tres migrantes que saltaron del barco Geo Barents amarrado en el puerto y nadaron hasta un flotador en un intento de llegar a tierra firme y luego fueron rescatados por las autoridades en Catania. EFE/EPA/Orietta Scardino

Enespanol24.com- El puerto de Catania es hoy un limbo para 250 inmigrantes salvados hace días en el Mediterráneo por dos naves humanitarias y a los que Italia impide pisar tierra, los primeros afectados de la nueva doctrina del ultraderechista Matteo Salvini: solo desembarcar a los considerados “vulnerables”.

En el puerto siciliano, los inmigrantes “rechazados” gritan desde las naves de las que se les impide bajar mientras un centenar de activistas se han congregado en las instalaciones para mostrarles, a voces y con pancartas, su apoyo.

Apenas han pasado dos semanas desde la investidura del Gobierno de Giorgia Meloni, pero su vicepresidente y ministro de Infraestructuras ya ha emprendido su batalla predilecta: dificultar la labor de las organizaciones que salvan inmigrantes en el mar.

Salvini en su época al frente de Interior, en 2018 y 2019, ya impulso leyes que preveían multas a las ONG que accedieran a aguas italianas, pero ahora ha inaugurado una nueva política, la de los desembarcos selectivos, para pasmo de la oposición de izquierdas y hasta los obispos.

El ministro del Interior, Matteo Piantedosi, su mano derecha, ha decretado que Italia solo acogerá a los inmigrantes más vulnerables mientras que los que no lo sean deberán permanecer a bordo de las naves de rescate para ser luego devueltos a aguas internacionales.

Esta política ya tiene dos símbolos, el de los primeros barcos en afrontarla, el Geo Barents de Médicos Sin Fronteras (MSF), que entró en el puerto con 572 inmigrantes salvados el 27 de octubre en el mar, y el Humanity 1 con 179 salvados también hace casi dos semanas.

Sin embargo, no todos han podido bajar de la nave y poner fin a su periplo. El desembarco selectivo se consumó de noche, con la revisión de un equipo médico que subió a bordo para determinar quién podía y quién no poner un pie en Italia.

Así, del Geo Barents pudieron bajar 357 inmigrantes vulnerables, es decir, mujeres, niños y enfermos, mientras que 215 no obtuvieron esta consideración. Lo mismo ocurre con la Humanity 1, donde 35 personas siguen dentro, desconociendo su futuro.

Los dos buques, el primero mucho más grande, siguen anclados en el enorme puerto de Catania, en dos muelles bastante distante entre sí, aunque esto no ha impedido que un centenar de personas acudiera a manifestar su apoyo a los rechazados, incluso de noche, cuando la brisa del mar se hace fríamente desagradable.

El acceso a los barcos está delimitado por dos rejas y varios agentes de policía. Por eso, algunos activistas gritan “libertad” o “bienvenidos” megáfono en mano mientras otros, indignados, se desfogan con repentinos empellones a la reja, hasta que aparece un policía con gesto serio y paran para volver a empezar poco después.

Al caer la noche, los manifestantes encienden las linternas de su móviles como diciendo a los inmigrantes que siguen ahí, apoyándolos, mientras uno, joven, saca la guitarra para animar el cotarro y caldear el ánimo con himnos reivindicativos como el “Bella Ciao”.

En el Geo Barents, atracado como un gigante, la situación es insostenible para estos excluidos que sobrevivieron al periplo africano, a la violenta Libia, a la travesía marítima -letal para muchos- y a la larga espera a bordo del barco de su salvación.

Los que quedan son todos hombres paquistaníes, bangladesíes, egipcios y un sirio, que a menudo pelean entre sí y no entienden qué ocurre, explica a EFE el jefe de la misión, Juan Matías Gil.

“No comprenden qué hacen ahí, crece la tensión, pelean entre ellos, piensan que nosotros tenemos algo que ver y se generan tensiones con nosotros. Luego uno se lo explica y todo pasa, pero el conflicto está latente”, avisa, con rostro francamente preocupado.

Entre estas personas se han dado algunos ataques de pánico y, por eso, MSF ha pedido a las autoridades que repitan la evaluación de los migrantes teniendo en cuenta sus condiciones psicológicas, pues muchos han sido víctimas de todo tipo de violencia en Libia.

También quedan a bordo aún algunos enfermos de sarna genital que ocultaron este problema a las inspectores médicos “por vergüenza”, quedándose atrapados.

Dos de los inmigrantes, presos de la desesperación, se tiraron esta tarde al agua del puerto de Catania y se niegan a subir a bordo. Están ahí, sentados en el muelle, y ya han solicitado asilo porque formalmente han llegado a tierra italiana, aunque haya sido lanzándose por la borda.

“Preferirían irse con la policía que volver dentro”, explica Matías Gil, que aclara que han recibido más víveres.

Por contra, algunos de los que todavía no han sucumbido a la desesperación esperan dentro el permiso para bajar y se resignan con algún grito desde la cubierta o colgando algún letrero desde el inmenso lomo del navío: “Help us” (ayúdennos), se lee en un cartel de cartón que alguien ha dejado pendiendo desde la barandilla.