Tripulación de retenidos en Yemen teme por su vida: “Vamos a morir aquí”

Una acusación de pesca ilegal proveniente de Australia derivó en una sentencia de tres meses de arresto para Costas por un tribunal de Yemen.

Foto: Pixabay.

España no termina de tomar acciones que den respuesta a la situación de sus connacionales y demás personas a bordo

EnEspañol24.com- La tripulación del pesquero Cobija llevaba 10 días ingiriendo agua de dudosa potabilidad y té azucarado. Algunos marineros se enfermaron pese a recibir alimentos. Ante ello, el capitán tilda de “farsa” la situación, mientras que el representante sindical denuncia la “inutilidad” de la gestión de España.

La situación en torno al buque pesquero Cobija está al límite, bajo retención en precarias condiciones en el puerto yemení de Al-Mukalla desde hace menos de un con 33 tripulantes a bordo, de diversas nacionalidades, entre los que se incluye el gallego Pablo Costas Villar, a la sazón el capitán, reseña Sputnik.

Las gestiones de España no muestran resultados algunos, por el contrario, dejan en el país una sensación de indefensión tanto en los españoles, como quienes están a bordo de la embarcación, quienes se encuentran aislados en un muelle en un país donde se pone de manifiesto una guerra civil.

Una acusación de pesca ilegal proveniente de Australia derivó en una sentencia de tres meses de arresto para Costas por un tribunal de Yemen, sentencia que no se ejecutó tras un recurso del armador en el Tribunal de Apelación de Hadramaut, la provincia a la que pertenece Al Mukalla.

Pero el fallo fue a su vez recurrido por el fiscal general de Yemen, refugiado en Arabia Saudí junto con el Gobierno yemení. Es decir, un Gobierno en el exilio enfrentado a la decisión de una institución del Gobierno de facto local. Por el camino, el armador somalí se desentendió del barco y de su tripulación, que hace meses que no recibe ningún salario. De resultas, el capitán y 32 tripulantes se hallan bloqueados en un país desgarrado por la guerra civil, lastrado por la corrupción y sin apenas garantías jurídicas. Hace tres meses, Costas renunció a su cargo de capitán.

Por su parte, el abogado defensor asignado también trabaja para el armador y la agencia marítima, atisbándose un conflicto de intereses. La comunicación es escasa; nada por escrito y solo en árabe lo que tildan como “una locura”, alegando que el nunca tuvieron abogado.